Blog · Control de accesos

Cuántos hay dentro ahora mismo: contar el aforo con lecturas de QR

El sector cuenta el aforo con sensores en las puertas. Con lecturas de QR sale igual de bien y bastante más barato, pero solo si asumes una condición incómoda: que la gente también escanee al salir.

Ilustración de QRACCESO para «Cuántos hay dentro ahora mismo: contar el aforo con lecturas de QR»

«¿Cuánta gente hay dentro?» es la pregunta que hace el responsable de seguridad, la que aparece en la licencia de actividad y la que nadie sabe responder cuando se pregunta de verdad.

Hay dos formas de contestarla y conviene saber en cuál estás.

Cómo lo resuelve el sector: sensores

La respuesta cara es un sensor por puerta —cámara 3D, tiempo de vuelo o radar— que detecta si cada cuerpo entra o sale y lleva la cuenta. La tecnología está madura y da precisiones del 97-99 %.

Tiene una virtud enorme: cuenta personas, no credenciales. Da igual quién sea, si tiene entrada o si es el electricista. Si atraviesa la puerta, se cuenta. Para una licencia de aforo, que habla de personas dentro del recinto, eso es exactamente lo que se pide.

Y tiene el coste que cabe esperar: hardware por cada acceso, instalación, calibración y mantenimiento. Compensa en un recinto permanente —un museo, un polideportivo, un centro comercial— donde se amortiza en años.

Para un evento de tres días en una carpa, no.

La otra forma: contar con lo que ya lees

Si en la puerta ya hay alguien leyendo QR, el contador sale gratis: entradas menos salidas. No hace falta instalar nada porque la lectura ya se está haciendo por otro motivo.

En QRACCESO eso depende de un ajuste del evento, el modo de lectura:

El aforo, entonces, es una resta: los que han entrado menos los que han salido. Simple, exacto y sin hardware. Con una condición.

La condición incómoda: hay que escanear al salir

Ahí está todo el asunto. Un sensor no necesita colaboración; una lectura de QR sí. Si la gente sale por una puerta sin control, o sale en avalancha al acabar, o simplemente no le apetece sacar el móvil para irse, el contador se queda alto: dice que hay doscientas personas dentro cuando el recinto está vacío.

Y ese error no se corrige solo. Se acumula.

Por eso, antes de prometerle a nadie un aforo en vivo, hay que responder a tres preguntas sobre el recinto, no sobre el software:

¿Se sale por donde se entra? Si hay salidas de emergencia que la gente usa como salidas normales, o una puerta lateral al aparcamiento, el conteo se rompe. Con una sola puerta controlada, funciona.

¿Hay alguien en la salida? Contar salidas cuesta personal igual que contar entradas. Si el evento pone dos personas en la entrada y ninguna en la salida, el modo entradas-y-salidas es un ajuste que no va a reflejar la realidad.

¿Qué pasa al final? Cuando acaba el concierto salen todos a la vez, y ahí nadie escanea. Es normal y no es un fallo: el aforo sirve durante el evento, no al cerrar. Si el dato que necesitas es «cuántos vinieron», eso son las entradas, y esas sí están todas.

Si las tres respuestas no acompañan, el conteo por QR no es tu herramienta y más vale saberlo antes que descubrirlo con el responsable de seguridad delante.

Lo que pasa cuando alguien sale sin haber entrado

Es más frecuente de lo que parece: el que entró antes de que abrierais el control, el que ya salió y vuelve a pasar el QR, el que se equivoca de lector.

Si esas salidas se contaran como normales, el aforo bajaría por debajo de la realidad y acabaría en negativo. Por eso se registran aparte, con su propia marca —«aviso de salida sin entrada»— y no como una salida corriente. Y hay un ajuste que decide si la app pregunta al validador antes de registrarla o la anota directamente: se pregunte o no, la marca es la misma; el ajuste solo decide si se consulta.

Es un detalle pequeño con una consecuencia grande: el contador no se descuadra por los casos raros, y además queda el rastro de cuántos hubo, que es un indicador bastante honesto de lo bien montado que estaba el circuito.

Lo mismo vale para las zonas

El aforo total suele ser el dato que exige la licencia, pero el útil durante el evento es otro: cuánta gente hay en cada sitio. La sala grande llena mientras el taller de al lado está vacío es una decisión operativa —mover personal, abrir otra puerta, avisar por megafonía— que solo se puede tomar si alguien lo está mirando.

Con lecturas de QR eso se monta poniendo control en las puertas interiores que importan, no en todas. Y aquí el conteo por credencial gana al sensor en algo: no solo dice cuántos hay, dice quiénes, y eso permite responder a preguntas que un contador no responde — cuántos de los que están en la sala A tienen entrada de dos días, o si el aforo de prensa se está cumpliendo.

En resumen

Sensores si el recinto es permanente, si la cuenta tiene que incluir a todo el que pisa el suelo o si no puedes controlar por dónde sale la gente. Es la respuesta correcta y cuesta lo que cuesta.

Lecturas de QR si ya estás validando en la puerta, si el circuito de entrada y salida está definido y si te vale contar a los que tienen credencial. Es gratis, se activa con un ajuste y da además el «quiénes» que el sensor no da.

Lo que no vale es activar el modo de entradas y salidas y suponer que el número que aparece en pantalla es el aforo real. Ese número es tan bueno como el circuito de salida que hayas montado, y eso no lo arregla ningún software.

---

Si quieres verlo funcionando, móntalo con diez asistentes de prueba: crea el evento en modo entradas y salidas, entra y sal con los mismos QR y mira cómo se mueve el contador desde el panel. En media hora sabes si tu recinto puede dar ese dato o no.

← Volver al blog